miércoles, 6 de junio de 2012

Juego de Tronados en Fantasymundo

Hace ya bastantes meses Almudena Galán escribió en la web Fantasymundo (centrada en la cultura popular, cine, literatura, cómics, videojuegos, etc.) una crítica sobre nuestro Juego de Tronados. A ver qué os parecen las partes que destacamos:


Pocas cosas indican mejor el éxito de una obra como la aparición de una parodia. Los libros del señor Martin llevaban ya unos cuantos años dando caña, creando hordas de fervorosos fanáticos y enloqueciendo a libreros de todo el mundo, pero hubo que esperar hasta la adaptación en formato serie televisiva para que el fenómeno se convirtiese en trending topic a nivel mundial. Ahora que Juego de tronos ha pasado a ser una auténtica moda —le pique a quien le pique—, el mercado se ha animado a levantarse las enaguas y arriesgar un poco más. Entre todos esos ambiciosos productos que intentan arrimar el ascua a su sardina, siempre hay alguno que sobresale, ya sea por su originalidad, su chispa o su sencillez. "Juego de Tronados" reúne todas esas cualidades… y alguna más.

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Los guionistas salen airosos del reto de encajar con naturalidad y salero tanta chorrada junta en semejante tesitura. Su ingenio socarrón es la corriente sobre la que fluye alegremente el argumento, aunque no todo el monte es hojamarga: el humor que gasta el tomo fino, lo que se dice fino, no es, y llega a rozar lo zafio en alguna ocasión, perjudicando en parte el buen rollo sobre el que se articula la parodia.

En el apartado artístico es necesario señalar lo mucho que los autores han mimado la obra cuidando los detalles. Gran parte de las viñetas guardan cierto parecido con las ilustraciones de ¿Dónde está Wally? —sí, nuestro querido gafapasta rojiblanco también tiene su aparición estelar— en un horror vacui de referencias para todos los gustos del mundillo del fandom. Así se establece un segundo plano rico en detalles y cargadito de ‘frikadas’ que harán las delicias del más avezado lector de cómics y del nostálgico de las películas ochenteras (que no tardarán en verse reflejados en nuestro amigo y vecino Braian Estark).

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Pero además de esta miríada de guiños y clamorosas llamadas de atención a nuestro niño interior, tampoco faltan alusiones a la actualidad política —véase el acertado coqueteo con el movimiento 15-M— y a la culturilla general del país del jamón de bellota. La única pega se encuentra en la falta de integración de los estilos gráficos de los dibujantes, quizá porque el grosor del trazo de uno a otro varía considerablemente. Y si bien los ilustradores sincronizan sus esfuerzos, no se da una armonía visual completa de un capítulo a otro.

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